El atardecer de cristal

(Ediciones Irreverentes, 2019)

Alexis, Marcel, Véronique, Frédéric, Vincent, Zéphyr y Sébastien son los protagonistas de Lo que el tiempo nunca curó, obra teatral de tiempo y de heridas, de secretos y verdades, de deseos, silencios, represión y locura. Fábula del S.XIX, en París, con un tono eminentemente dramático tras el que se vislumbra la esperanza que reside en la capacidad de amar más allá del tiempo y de las circunstancias. Es la noche del séptimo aniversario de bodas de Marcel y Véronique, vagamos entre los límites de la realidad y el deseo. Fuera, el ambiente alegre e ilusionado de la bohemia francesa, que tan sólo se conoce por las alusiones de los personajes; dentro, la casa familiar, el drama. “El tiempo y las heridas. Dos ejes ya presentes en el título de esta obra de Olga Mínguez y sobre los que se construye una trama llena de secretos y verdades que ni los personajes –ni los espectadores– estamos seguros de querer ver. Porque es más sencillo creer que la cotidianidad puede hacer que se desvanezcan nuestros fantasmas e incluso acallar los gritos de una conciencia que, adormecida, nos resultaría mucho más cómoda y dócil”.(Fernando J. López) En El atardecer de cristal estamos en la II Guerra Mundial, la Humanidad cometió atrocidades contra sí misma. Pero también estuvieron en los campos de concentración homosexuales; fueron perseguidos, ultrajados, asesinados, nunca tuvieron justicia. En esta obra se rescata su tragedia. Olga Mínguez denuncia que los homosexuales que vivieron aquel horror nunca obtuvieron reconocimiento. “Admiración. La obra me atrapó desde el comienzo. No les desvelo detalles concretos de su trama para que puedan ir descubriéndolos ustedes mismos, pero sí puedo anticipar que van a encontrar una historia plagada de emoción, verdad, poesía”. (Juan Carlos Rubio).

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